Una vez más la música en la carretera, como siempre ensordecedora, fue nuestra compañera. Desde las cuatro de la tarde del viernes 20 hasta las once de la noche del lunes 23, Dani, Pablo, Álvaro y yo hicimos cientos de kilómetros en un viaje que nos llevó a Madrid, León y Oviedo. Una aventura que también nos acercó hasta Cangas de Onís, donde disfrutamos de unes fabes de escándalo, Covadonga y a la zona de los Lagos en Picos de Europa. Mención especial merecen las horas que pasamos en la Puerta del Sol madrileña en una noche irrepetible en la que volví a sentirme como cuando tenía veinte años.
Este viaje, en los últimos días de un periplo de cinco años que ha durado nuestra carrera hacia el conocimiento de la Historia, ha tenido una significación especial al ser el boche de oro a una serie de ellos que hemos hecho a lo largo de este tiempo. Los buenos recuerdos quedan ahí. Los compañeros, los amigos, aquellos con lo que se han compartido momentos inolvidables seguirán estando presentes, el contacto será diferente a partir de ahora, pero estoy seguro que no se perderá nunca.
De nuevo, una vez más, tomando unos vinos en el madrileño Mercado de San Miguel
Al ladito de la Plaza Mayor, saboreando una exquisita cerveza, dulce o amarga, a gusto del consumidor
Arco de Cuchilleros
En la madrileña Puerta del Sol, a las dos y media de la madrugada del 20 de mayo, coincidiendo con miles de "indignados".
Emoción a raudales
Madrid era una fiesta
Parada en León para reponer fuerzas
También allí había gente acampada en el centro de la ciudad
La morcilla de León, la mejor del mundo
Un alto en el camino hacia Asturias
Uno de los laterales de la catedral de Oviedo
Asamblea en la Plaza de la Escandalera
Santa María del Naranco. ¡Impresionante!
Ramiro I debió sentir la misma emoción que yo al asomarse a este arco
Templo prerromanico de San Miguel de Lillo
En el Puente Romano, que cruza el río Sella, en Cangas de Onís, con Dani, mi mejor compañero, mi mejor amigo, "My brother under the Sun".
En la zona de los lagos de Picos de Europa, en medio de una niebla infernal y en con un paisaje que parecía salido de Parque Jurásico
Como historiadores que somos era casi obligado hacer una visita a Covadonga, donde están las sepulturas de D. Pelayo y de Alfonso I
Hasta la mañana del último día no pudimos reunirnos con Eni, de todas formas, el encuentro aunque corto, limitando tan solo a un desayuno, fue muy entrañable, teniendo en cuenta que hacía casi tres años que no nos veíamos. Ahí queda la foto para el recuerdo.