miércoles, 13 de octubre de 2010

CAMINO DE SANTIAGO


XACOBEO  2010



En los aparcamientos de nuestra Facultad momentos antes de emprender el viaje camino de Galicia


Tras doce horas de viaje, parando tan solo para repostar y estirar las piernas, llegamos a Lugo, la ciudad celebraba las fiestas de San Froilán y las calles, pese a lo temprano de las horas, estaban llenas de gentes.  Dado que el horario de autobuses a Sarria no nos convenía, decidimos coger un taxi que nos llevase a la localidad que habría de ser inicio de nuestro Camino. Una vez alli, y tras varias peripecias, pudimos sellar por primera vez nuestras credenciales, requisito indispensable para obtener la Compostela.



"Buen camino". Esta es la corta frase con la que se saludan los peregrinos. Dos palabras que encierran los mejores sentimientos hacia aquellos que se dirigen a Compostela


La lluvia, a veces con fuerza, nos acompañó en las primeras horas del camino en una etapa de casi cuarenta kilometros que puso a prueba nuestra resistencia, tanto física como mental




Albergue El Molar, en Ventas de Narón. Aquí pasamos la primera noche.


Pasarela sobre el río Miño


Monumento al peregrino a las afueras de Palas de Rey


Foto tomada después de sellar nuestra credencial de peregrino en la iglesia de Santa María de Leboreiro


El trayecto de la última etapa, realizado en su mayor parte de noche, fue realmente mágico. Con la única ayuda de una pequeña linterna que nos habían prestado en el albergue Edreira, del Pedrouzo, llegamos a los límites de Compostela


Ya de día alcanzamos la cumbre del Monte do Gozo, donde se haya el enorme monumento que conmemora la visita de Juan Pablo II. Desde allí se contempla por primera vez la ciudad de Santiago y las torres de su catedral


Santiago, Plaza de la Quintana y Puerta Santa


Azabachería


Tres horas tuvimos que hacer cola para obtener la Compostela. Fue para mi uno de los peores momentos porque los pies me dolían enormemente


Santiago. Centro de Europa


¡Por fin! La fachada del Obradoiro nos recibe el 12 de Octubre


Todos los que hacían el Camino me comentaban que lo repetirían, que una experiencia así era inolvidable. He de reconocer que nunca lo tomé demasiado en serio. Era totalmente excéptico con respecto a este tipo de manifestaciones religioso-populares. Sin embargo cuando, hace aproximadamente un año, Jaime y yo empezamos a forjar la idea de hacerlo no podía imaginar que mi opinión cambiase de forma radical. Yo suponía que la aventura santiaguesa debía tener ciertas connotaciones que la convertían en un algo con un trasfondo mistérico. Quizás la cuestión estuviese en la ancestral búsqueda del Finis Terrae, el enfrentamiento con lo desconocido. El Camino como hecho iniciático. Hoy puedo decir que todo lo que se diga es poco. El Camino es dolor, sufrimiento, pero a la vez es alegría y gozo. En él te cruzas con miles de personas en cuyos rostros se nota la ilusión por llegar a la meta, que se materializa en la obtención de algo tan simple como un papel, la Compostela, pero que es el símbolo de una búsqueda interior, de lo que cada uno de nosotros llevamos dentro sin saberlo. El espíritu del Camino es el de la fraternidad, la solidaridad. El Camino, tiene su propio espíritu. Te habla con las voces de todos aquellos que, a lo largo de los siglos, lo recorrieron. Más allá de las connotaciones, religiosas o de cualquier otra índole, que cada uno quiera atribuirle, el Camino es algo especial muy difícil de definir. Jaime, Dani, Humberto y yo, creo que lo hemos descubierto. Cada uno, a nuestra manera, hemos sacado algo provechoso del Camino. Santiago es Gloria, y pese al cansancio y al dolor de pies, ha merecido la pena. Hacer el Camino influye tanto en nuestras vidas que, una vez hecho, uno regresa convertido en otra persona totalmente distinta de la que lo comenzó. Antes pensaba de forma distinta a como ahora lo hago. No tengo la menor duda: Volveré a repetirlo.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

VIAJE A GALICIA


SANTIAGO XACOBEO 2010

Del 18 al 21 estuvimos en Galicia. Aunque yo había estado hace unos tres años, Aureli hacía unos seis y siete que no pisaba tierra gallega. En cuanto a Antonio y Dori, eran treinta y uno los años, concretamente desde su viaje de novios. Han sido cuatro días estupendos, con un tiempo ideal, incluso con un poco de calor, sobre todo en Lugo. Pateamos Santiago horas y horas, recorriendo todos sus rincones. El Hotel, Área Central, aunque un poco alejado del centro, estaba muy bien, dentro de un centro comercial lleno de tiendas y bares, donde solíamos desayunar y cenar. En cuanto a Lugo y La Coruña también pasamos unos buenos momentos


Obradoiro en Santiago


Platerías


Plaza del Campo en Lugo


Romanos de Lucus Augusti


Murallas de Lugo




Playa de Riazor en La Coruña


Escalinata de las Platerías


Facultad de Geografía e Historia, un preciso edificio del siglo XVIII, con un magnífico claustro en el interior


En la Plaza de la Quintana con la Puerta Santa como fondo


Fonseca


Tras horas sin parar de andar por las rúas santiaguesas, no dudamos en quitarnos los zapatos y sentarnos en las escalinatas de la Quintana para descansar un rato.


Comida del último día en un restaurante de Santiago. Aunque nos salió por un buen pico, los mejillones, nécora, vieiras, caldeirada, regado todo con un buen Ribeiro y aguardiente de hierbas fue un buen broche de cierre para cuatro días fenomenales. 

miércoles, 18 de agosto de 2010

VIAJE A FRANCIA. AGOSTO 2010


Esta es la casa que nos esperaba a las afueras de Lisieux, en pleno campo, con un jardín inmenso y con un carril de acceso increiblemente estrecho.


EL VIAJE EMPEZÓ ASÍ

Primera parada, Vitoria, coincidiendo con las fiestas de la Virgen Blanca

Espectáculo de luz y sonido en la catedral de Chartres

Girola de la catedral

Vidrieras, simplemente fantásticas

La potencia del románico, expresado en el gótico más deslumbrante

Fachada norte de la Catedral





En Chartres, delante de la estatua de Marceau, héroe de la Revolución Francesa

Increíble Mont Saint Michel. Pese a la hora y media que tardamos en hacer los últimos siete kilómetros por la tremenda caravana, las interminables colas hasta llegar a la taquilla a través de una estrecha calle llena de tiendas de souvenirs y las escalinatas que llevan a la abadía. Pese a todo, Mont Saint Michel es una maravilla digna de saborear con calma, más de la que tuvimos nosotros. Habrá que volver en otra época en la que no nos topemos con la multitud de turistas que todo lo invaden.

Claustro de la abadía

Una de la cisternas. Las gruesas columnas soportan parte de la iglesia

Refectorio en la abadía



Rouén, una ciudad preciosa

Aquí está el corazón de Ricardo I de Inglaterra, Corazón de León

Catedral de Rouen

Una de las fachadas de la catedral

Catedral de Rouen. Escalera que da a la Biblioteca

Abadía de San Ouen, en Rouen

Púlpito de la Abadía

Plaza correspondiente a la necrópolis del siglo XV creada con motivo de la Peste Negra, en Rouán. Hoy Escuela de Bellas Arte.

Gran Reloj de Rouán

Puerto de Honfleur. En esta bella ciudad es típico comer mejillones con patatas fritas, regados con una buena sidra.


Iglesia normanda, de doble nave y doble altar mayor,  del siglo XIV, toda de madera, en Honfleur

Plaza del Mercado en Deauville

Palomar del Castillo de Crevecoeur en Auge

Dos de los edificios se constituyen el recinto del castillo, y el foso que los rodea


Las chicas en la puerta de la sidrería de Cambremer


Abadía de Saint Pierre sur Dives


Signos del zodíaco en el suelo de la iglesia. Es conocido como el gnomon


Esta abadía se comenzó a construir en el año 1046

En el claustro de la Abadía de los Hombres, en Caén

La abadía desde los jardines de la plaza de Ayuntamiento

Iglesia de Saint Pierre, en Caén

Bajo una lluvia torrencial, en la puerta de entrada al Castillo del duque de Normandía y rey inglés, Guillermo el Conquistador

En Falaise, en el monumento a Guillermo el Conquistador



Salón de la casa 


Cenando en la terraza de la casa


En el Monasterio de Las Huelgas, en Burgos.



En Aranda de Duero después de reponer fuerzas a base de lechazo y chuletilas de cordero. El viaje tocaba a su fin.


Desde el 7 al 17 de Agosto pasamos nuestras vacaciones veraniegas en Francia, concretamente en Normandía, con Luisa y Paulino, además de nuestros compañeros de viaje, Alfonso, Toni y Loli. Fueron once días, en los que disfrutamos incluso de la lluvia, visitando lugares de gran belleza, Mont Saint Michel, Rouan, Chartres, Caén y multitud de pequeños pueblecitos de gran interés. Además la casa, situada en medio del campo, era realmente preciosa. Cinco mil kilómetros en coche que en ningún momento se hicieron pesados. Las etapas españolas, en Vitoria y Burgos, incluyendo una suculenta comida en Aranda de Duero, pusieron el broche de oro a un viaje que sirvió para recargar las pilas de cara al nuevo curso.