viernes, 3 de agosto de 2007

Egipto, una, dos, tres. Julio - Agosto 2007


Esfinge en Menfis

Ramsés II en Menfis


Pirámide escalonada de Sakara

Pirámide escalonada y recinto funerario de Zoser en Sakara

Pirámides

Esfinge de Gizeh


Templo de Ramsés II en Abú Simbel

Templo de Nefertari

Ramsés III en Medinet Abbú



Delante de la gran estatua de Ramsés II en el templo de Luxor

Lago Sagrado de Karnak


Avenida de los carneros


Uno de los colosos de Memón


Escoltando a Orus en el templo de Edfú

Templo de Hator en Dendera

Templete de Trajano en Filae




Visita nocturna al templo de Sobek en Kom Ombo



Disfrutando en la piscina del barco


Saltando al Nilo desde la barcaza que nos llevaba al poblado nubio


Belleza nubia


Fiesta de disfraces en el barco




Mezquita de alabastro de Mohamed Alí, en la ciudadela de Solimán el Magnífico





Uno de mis mayores sueños, allá por los años de mi juventud, cuando estudiaba en el Instituto  Martí i Franqués de Tarragona, era poder visitar Egipto. Lo veía como algo lejano, misterioso, inaccesible. Por ello, durante los recreos y otros ratos libre, iba a la biblioteca para buscar libros que hablasen de aquel país y sacaba notas sobre su historia, sus faraones. Años después pude hacer realidad mi sueño, una, dos, tres veces. Posiblemente haya una cuarta, una quinta, no se cuantas veces más, porque lo cierto es que el perfume de aquel país, lo exótico de sus olores, me embriagó para siempre. Karnak, Luxor, Edfú, Kom Ombo, el Valle de los Reyes, Medinet Habu,  Filae, Abu Simbel, Dendera, Giza, Sakara, Menfis, y otros muchos, además del destartalado pero siempre apasionante Museo del Cairo, donde los ojos son incapaces de asimilar todo lo allí expuesto, fueron centros de nuestra atención. Decían los antiguos que un baño en el Nilo servía para regenerar al faraón. Después de haberlo probado, allá por la primera catarata, cerca del poblado nubio, donde las arenas del desierto se funden con sus aguas en suaves playas, siento que una fuerza de milenios ha traspasado mi piel. Egipto es mágico, misterioso, embriagador. Un droga que no puedo ni quiero evitar. Egipto, siempre Egipto.

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