Lo decidí ayer domingo. Iba a viajar a Jaén con una idea que, aunque parezca tonta, era para mi interesante.- Simplemente comprar patatas fritas de esas que solo allí saber hacer. Pero no quería ir solo por eso, cuando Dani se conectó a mi messenger y me dijo que me acompañaba, me sentí aliviado. La carretera podía estar en malas condiciones, aunque luego le realidad fue diferente. Había mucha nieve pero la calzada estaba limpia.
Después de dar una vuelta por la capital, con la mala suerte de que los Baños Árabes estaban cerrados, volvimos a coger el coche y nos encaminamos a Baeza, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad. Esta fachada corresponde al Ayuntamiento baezano.
Altar mayor de las ruinas del antiguo convento de San Francisco
Esta es la clase en la que cursé el tercer curso de Bachillerato, cuando tenía doce años. Esa misma clase fue la que, en su día, utilizó Antonio Machado. Hoy está acondicionada como museo. El pupitre en el que está sentado Dani era el mío.
Patio del Instituto Santísima Trinidad.- Aquí teníamos las clases de gimnasia.
Palacio de Jabalquinto, donde dio clase San Juan de la Cruz
Plaza de Santa María, con la catedral al fondo. En primer término la fuente que da nombre a la plaza.
La heráldica en Baeza es realmente impresionante. En cada rincón, en cada edificio nos encontramos con un escudo, tanto de la casa real como de los nobles, laicos o eclesiásticos, que residían en la ciudad. Este palacio fue la residencia episcopal.
Puerta lateral de la catedral perteneciente a la primitiva mezquita
Callejón del Perdón, un rincón con sabor medieval
Fuente y Arco del Pópulo, arquitectura renacentista cien por cien, con una heráldica grandiosa en la que aparece el águila bicéfala de los Austrias. Al lado esta la tienda especializada en aceite de oliva y en la que pudimos encontrar las aceitunas de cornezuelo.
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